Algo me persigue y me atormenta, pero a la vez me ilusiona y me da ganas de continuar. Algo que me encuentra todas las noches cuando entro en la fase de la imaginación y de los sueños, pero que no consigo tocar, ya que estoy demasiado lejos para poder tocarlo. Algo tan bonito pero a la vez tan tétrico y oscuro que tengo ganas y a la vez miedo de tocarlo.
Quizá sea solo producto de mi imaginación, quizá la locura me esté llevando hacia un estado de demencia permanente en la que mi mente solo pueda encontrar ese pequeño momento al que agarrarse. Quizá me estén tendiendo una trampa o no, quién sabe, pero quiero tocarlo y descubrir lo que es, sin escudo protector y sin remordimientos.
Quiero experimentar las sensaciones que conlleva tocar este sueño, quiero llegar a encontrar la clave que me permita llegar hasta él. Pero no puedo. Cada noche, me encuentro arrastrado por una losa de 100 kilos que alguien tira para que yo no pueda avanzar y no pueda averiguar nada. Paradoja del destino, puede ser, pero es un gran contratiempo que puede durar eternamente.
Por otra parte, cada noche que pasa, puedo decir que lo encuentro cada vez más cerca. Es cierto que no puedo tocarlo, aún, pero mis ojos lo avistan cada vez más cerca. Lo veo como algo más cercano a mí, y a cada segundo que pasa, lo veo más cerca de mí, y a cada paso que doy, el peso que me estira se hace más llevadero.
Cada noche tengo una cita con él, cada noche me siento obligado a encontrarme con él en mis sueños. Y no puedo evitarlo, me siento atraído hacia él, siento que no puedo hacer nada para evitarlo y que es irrevocable. Que no puedo esconderme porque me va a encontrar más pronto que tarde. Sé a lo que me enfrento y los riesgos que conlleva, pero estoy confiado. No le tengo miedo. Soy más fuerte que mi futuro.
Twitter: @MrCharlioRoger